INADI

Informe In Voce 24/09/2006 (informado por el Diario Judicial)

INADIMISIBLE. El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo es un ente descentralizado que fue creado mediante la ley Nº 24.515 en el año 1995 y comenzó sus tareas en el año 1997. Eran otras épocas cuando el Instituto pertenecía al Ministerio del Interior (pasó a la órbita del Ministerio de Justicia por el decreto 184/2005) y entre sus escasos destellos generó algunas anécdotas cosechadas con el paso del ahora ministro de la corte Eugenio Zaffaroni por tan emblemático organismo. Sucede que el gobierno de la Alianza lo había designado al frente del Instituto, queriéndole asignar un lugar de importancia, para mostrar progresismo y nuevos aires. No tuvieron huevos para más, así que lo confinaron en un INADI con poco presupuesto y limitado poder. Se dice que por esas fechas no había ni para comprar café y el Zaffa mostraba sus pocas pulgas a la hora de reclamar. Le escribió una carta de subido tono al ministro del Interior de entonces, el hoy fallecido Ramón Mestre, reclamando por mayor presupuesto para el correcto funcionamiento del organismo. El todavía influyente ex presidente de la DAIA José Hercman, en tándem con Zaffaroni, también le había reclamado al cordobés haciéndole la pata al hoy cortista. Pese a tener su cargo políticamente consolidado, Zaffaroni estaba en el INADI de paso. Cuando subió De la Rúa le habían prometido, y anhelaba, el cargo de Defensor General que ocupaba desde la época de Menem, Miguel Ángel Romero. Pero Chupete, de actitudes tibias y dubitativas no llegó a completar la designación esperada. De todas formas Zaffaroni prestigió la institución, la puso en la agenda nacional y en los medios. Se ganó el reconocimiento de aborígenes, judíos, musulmanes, homosexuales, transexuales, bolitas y paraguas, tradicionales blancos de discriminación( pero no hizo nada por los discapacitados). Distinto es el caso de la recientemente designada presidente del INADI, María José Lubertino, que paradójicamente comenzó su gestión como abanderad a de la anti discriminación con un claro y evidente gesto de discriminación. Acababa de asumir la ex diputada cuando un grupo de 200 políticos e intelectuales firmó una declaración alertando sobre un rebrote del antisemitismo en la Argentina a raíz de las acciones del grupo Quebracho y las pintadas anti judías en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Lubertino no tuvo mejor idea que tildar la declaración de “operación política”, sólo por el hecho de que entre los 200 firmantes estaban López Murphy y Patricia Bullrich.-se olvidó de los otros 198-, prejuzgando y rechazando el contenido de un documento por alguna de las firmas que contenía en una actitud claramente discriminatoria. Quiso ser más papista que el Papa y metió la pata. Quiso demostrar lealtad ejemplar al presidente Kirchner y no se dio cuenta, en su chupada de medias apresurada, que el matrimonio K estaba de gira en Nueva York y se iba a entrevistar con representantes de una de las más influyentes comunidade s judías del globo. Tampoco se avivó de que estaba en las vísperas de las altas fiestas de la colectividad, aquellos días de reflexión e introspección que van de Rosh Hashaña (año nuevo judío) a Iom Kipur (Día del Perdón). Mientras Lula aparecía en las tapas de los diarios cariocas con una sonrisa de oreja a oreja, tocando el shofar (instrumento ritual típico en forma de cuerno), Cristina, incómoda, tenía que sacar la cara frente a los líderes de la comunidad judía norteamericana que le preguntaban sobre los nulos avances de la investigación de los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel en Buenos Aires, y sobre los escarceos antisemitas de los últimos días. La gaffe inoportuna de Lubertino le enseñó, seguramente, que para estar donde la pusieron lo menos que tiene que hacer es discriminar, por más ganas que tenga.

Leave a comment

You must be logged in to post a comment.